Vivimos tiempos de una inestabilidad global palpable que, de una forma u otra, termina permeando la experiencia de nuestros pacientes y, consecuentemente, la nuestra como terapeutas. Esta agitación, aunque en cierto modo una constante histórica (inestabilidad política, crisis económicas, enfermedades), hoy parece tocarnos a todos de una manera más directa e ineludible. Ya no es tan fácil disociarnos de la realidad circundante.
Pero, ¿qué sucede cuando esta disociación, este mecanismo de adaptación, se cuela en la sala de terapia? ¿Y cómo afecta esto a nuestra herramienta más preciada: la sintonía con nuestros pacientes? Una perspectiva fascinante y crucial para nuestra práctica se adentra en el concepto de contratransferencia límbica.
El Guardián Interno: Nuestro Sistema Límbico en Acción
Para entender la contratransferencia límbica, primero debemos recordar la función primordial de nuestro sistema límbico. Se describe como una parte de nuestro cerebro mamífero, con raíces reptilianas, y fundamentalmente organizado en torno a la supervivencia. Su lenguaje es primitivo pero increíblemente efectivo. Ante una amenaza percibida, su primera respuesta instintiva no es la lucha, sino la huida: crear distancia, generar espacio para la seguridad. La lucha, se aclara, solo se activa si la huida no es una opción viable.
Esta necesidad de crear espacio es impulsada por el miedo, una emoción límbica fundamental, junto al terror, el duelo, la rabia y la ira. Cuando estas fuerzas nos desbordan o nos desconectamos de ellas mediante la disociación, perdemos contacto con una parte poderosa de nosotros mismos.
Cuando la Amenaza Entra en la Consulta: La Contratransferencia Límbica
El concepto de transferencia y contratransferencia es bien conocido en nuestro campo, originado en el psicoanálisis. La transferencia alude a las percepciones inconscientes del cliente sobre el terapeuta, y la contratransferencia clásica, a las reacciones inconscientes del terapeuta hacia el cliente, a menudo ligadas a su propia historia y trauma de desarrollo.
Sin embargo, una perspectiva que profundiza en la contratransferencia clásica nos invita a considerar la «contratransferencia límbica». Esta se refiere a la reacción límbica del terapeuta que es inducida por el cliente. Es decir, el cliente, con su material, su historia, su presencia, «dispara» las respuestas de huida, lucha o congelación en el sistema límbico del terapeuta. Y esto, es importante subrayar, es «primariamente inconsciente, subcortical».
Señales de Alerta: ¿Estamos Experimentando Contratransferencia Límbica?
Dado que este proceso es mayormente inconsciente, «nos afecta más porque no somos conscientes de ello». ¿Cómo podemos, entonces, darnos cuenta? Se ofrecen algunas pistas sutiles pero reveladoras:
- La distorsión del tiempo: Cuando cinco minutos se sienten como cinco horas, eso es un indicador de contratransferencia límbica.
- El reloj como escape: Si nos encontramos mirando el reloj constantemente, deseando que la sesión termine, es una manifestación de la respuesta de huida. Nuestro sistema límbico quiere crear espacio.
- Reacciones defensivas o de juicio: Si empezamos a dudar de lo que dice el cliente, a sentirnos frustrados, irritados, o incluso a experimentar rechazo o enfado hacia él, estamos ante una versión sutil de la respuesta de lucha. Estamos, de alguna manera, luchando contra su verdad, la realidad que nos están presentando.
- Pérdida de sintonía: En la metáfora de Brainspotting de «la cola del cometa», perder la sintonía significa que «nos hemos caído de la cola». Esto puede ocurrir porque nuestra propia contratransferencia límbica se ha activado.
- Dispersión mental: Dificultad para centrarnos en lo que el cliente dice, empezar a pensar en otras cosas.
Es crucial entender que estas no son «fallas» como terapeutas, sino indicadores de que nuestro sistema límbico está reaccionando.
La Inevitable Vulnerabilidad del Terapeuta
Una de las grandes verdades en nuestro campo es nuestra humanidad. Los terapeutas, por muy formados y experimentados que estemos, somos «seres humanos vulnerables y falibles». Llevamos años escuchando «cosas terribles, trágicas, aterrorizantes, desbordantes»: accidentes, asaltos, enfermedades incapacitantes, traumas de guerra, pérdidas traumáticas… La lista, como se ha señalado acertadamente, «no solo es larga, es infinita».
Y aunque parezca que «nos acostumbramos», la realidad es que no es tan simple. Como se ha dicho, «En realidad, no nos acostumbramos. Nos estamos engañando a nosotros mismos. Nos está afectando todo el tiempo. Simplemente, nos hemos adaptado». ¿Y cómo nos adaptamos? Con la disociación.
Este es «un pequeño secreto del que no hablamos»: nuestro propio bagaje, nuestros «días malos» en los que nos levantamos sin sentirnos bien o algo nos está molestando o activando, lo llevamos con nosotros a la consulta. Y en esos días, «somos mucho más vulnerables a la contratransferencia límbica».
La Clave está en la Consciencia: El «Tratamiento» para la Contratransferencia Límbica
Si la contratransferencia límbica es una constante, ¿qué podemos hacer? Aunque no haya una «cura» en el sentido tradicional, sí hay un abordaje: la autoconsciencia. No se trata de que a veces tengamos contratransferencia límbica y a veces no; «la tenemos todo el tiempo. A veces somos más conscientes de ella y otras veces, no tanto».
Por ello, es fundamental para nosotros, como terapeutas:
- Conocer la contratransferencia límbica: Entender su naturaleza y sus manifestaciones.
- Ser plenamente conscientes (mindful awareness):
- De cómo la sentimos en nuestros cuerpos.
- De cómo afecta a nuestras emociones.
- De cómo afecta a nuestro pensamiento.
- Cultivar la auto-empatía y la auto-aceptación: Especialmente en esos «días malos». Ser duros y autocríticos con nosotros mismos solo empeora la contratransferencia límbica. Necesitamos «darnos apoyo y guiarnos a nosotros mismos».
- Confiar en el cliente: Cuando un cliente nos corrige, cuando dice «no, no es esto, es esto otro», en realidad «nos está guiando». Es una oportunidad para volver al principio de incertidumbre y re-sintonizar, para «volver a la cola del cometa». Ellos tienen acceso a su mundo interno, a sus «cuatrillones de conexiones sinápticas».
Hacia una Práctica más Integrada
Reconocer que es inevitable vernos afectados por el sufrimiento de nuestros pacientes, y que nuestra propia historia y estado actual influyen en la relación terapéutica, no nos hace menos profesionales, sino más humanos. La comprensión de la contratransferencia límbica nos invita a una vigilancia interna constante, no desde el juicio, sino desde la curiosidad y la compasión.
Al integrar esta consciencia, podemos usar nuestra propia respuesta límbica como una brújula adicional en el proceso terapéutico, fortaleciendo la sintonía dual (relacional y neurobiológica) que es el núcleo de muchas terapias profundas y efectivas. Estar en sintonía con el cliente de forma primaria, y secundariamente con nuestros propios procesos internos a través de una suerte de «metaposición» –observando mientras observamos–, nos permite navegar estas aguas complejas con mayor integridad y eficacia, para el beneficio último de aquellos a quienes acompañamos.
Es un camino de aprendizaje continuo, pero uno que sin duda enriquece nuestra práctica y nos hace terapeutas más presentes y sintonizados.
Este artículo se basa en las enseñanzas compartidas por el Dr. David Grand durante el Entrenamiento de Fase IV de Brainspotting, organizado por Brainspotting España y Aleces en octubre de 2020. Agradecemos su generosidad al compartir estos valiosos conceptos.


